Igorre, la esencia del ciclocross

 Este domingo tiene lugar una de las citas más importantes dentro del calendario nacional de ciclocross. Se trata del ciclocross de Igorre que en este 2015 cumple su edición número XXXVIX. Toda una institución dentro del Mundo del ciclocross que considera a esta cita de Igorre como una de las más puras de toda la temporada. Pura esencia del mejor ciclocross, y es que Igorre es sinónimo de barro, dureza y un grandísimo espectáculo para los aficionados.

"La Catedral" del ciclocross como también se conoce a Igorre, ha sido una prueba que ha tenido  muchas categorías en su historia, desde Copa de España hasta Internacional pasando por formar parte de la Copa del Mundo de Ciclocross desde el año 2005 hasta 2011. Era la buena época para el ciclocross en nuestro país donde Igorre era el climax de una disciplina que estaba alcanzando un grandísimo nivel. Por Igorre han pasado los mejores especialistas del Mundo: Sven Nys, Zdeněk Štybar, Kevin Pauwels, Niels Albert, Klaas Vantornout, Daniele Pontoni, Adrie Van der Poel...los más grandes han saboreado las duras y técnicas rampas del barrio de Olabarri. Tras dejar de formar parte de la Copa del Mundo, los grandes del ciclocross han dejado de venir a Igorre y han dejado gran parte del protagonista a los ciclistas locales donde destaca el ermuarra Aitor Hernández que mantiene un bonito idilio con Igorre ya que ha logrado vencer en las últimas tres ediciones y partirá el domingo como uno de los principales favoritos para "enroscarse" de nuevo la ya clásica txapela vizcaína.

El ambiente que se respira en las campas de Olabarri es especial, tal vez sea por esa historia de rezuma de sus curvas o por ese barro que parece batido por los Dioses para dejar un terreno de esos que gusta a todos a pesar de ser muy duro cuando está "en modo chocolate". En los últimos años se han vivido los dos tipos de circuitos, hace dos años sin barro cuando las lluvias no aparecían. Igorre siempre será Igorre pero sin barro le falta algo. Todo el barro que no hubo hace dos años apareció como de la nada el año pasado cuando pudimos ver a "La Catedral" en todo su esplendor. Un manto de chocolate que llegaba hasta los tobillos a los ciclistas y que hacía que casi más de medio circuito se tuviese que hacer a pie para los menos expertos en la disciplina. Todo un espectáculo para los aficionados pero en contra de lo que se podría pensar, también gusta este tipo de terreno a los ciclistas que viajan hasta la pequeña localidad vizcaína de Igorre en busca de la esencia del ciclocross.

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